Sientes. Y basta muy
poco para darte cuenta que dentro de ti existe una sensación extraña, que hace
que te revoluciones, que te entre ese cosquilleo en el estomago y esas ganas de
sentir. Ganas. Eso es lo que falta. Porque de nada sirve que una persona tenga
muchas ganas, cuando la otra no tiene ninguna, cuando se forma algo, es de dos,
y esos dos deben luchar, porque uno solo no puede tirar del timón, hacen falta
dos personas, dos corazones, dos manos que se junten para luchar contra todo lo
que venga.
Aunque aveces el
corazón debería tener un botón de Stop, donde poner pulsarle cuando no debes
sentir más de la cuenta, cuando tu corazón va viento en popa y por más que
intentas detenerlo es imposible, un botón que pare el curso de las cosas, que
puedas decidir que hacer o que no. Pero por suerte, o desgracia, es imposible…
cuando el corazón quiere sentir, lo hace, y no le importa lo que pienses o
quieras, porque es imposible controlarlo, y por ello más de una vez sufrimos,
porque siente muy deprisa, pero olvida muy despacio, y cuando alguien se cuela
dentro, y cuela bien hondo, es muy complicado olvidar… sino que se lo digan a
mi corazón.
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