Tanto ruido pero ningun ruido verdadero. Silencio. Es como
si flotase, como si le faltase algo. Todo. Y él se da cuenta. Ya no está. No
está aquel motor, el verdadero, el que hace que todo avance hacia delante, el
que te hace ver la gilipollez de la gente, la estupidez, la maldad y tantas
otras cosas y muchas más pero en su justa medida. Ese motor que te dá fuerza,
rabía, determinación. Ese motor que te dá un motivo para volver a casa, para
buscar otra motivación, para trabajar, cansarte, esforzarte, para alcanzar la
meta final. Ese motor que, después decide hacerte descansar justo entre sus
brazos. Fácil. Mágico. Perfecto. Ese motor; Amor.

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